Freitag, Oktober 14, 2005

DIARIO DE KLAIREBEAUX: Alone down the Storm

Tras la tormenta de anoche los rastros de lluvias fueron notables por toda la ciudad y sus alrededores. La amenazante naturaleza afectó además de la tan ya asediada zona metropolitana de Monterrey, a los alumnos de mi estimada institución Zièdew.

En la mañana mi maestro Hènnard von Klairebeaux nos despertó a mí y a Adgrielle, pero luego tras su poca insistencia en esa acción, ambos logramos caer de nuevos en nuestras cobijas y almohadas.

Pasó un rato y Adgrielle quería que viésemos la televisión, y después de su tan molesto empeño en ello, acepté. Ella tomó, clásicamente, el control y no me dejó elegir (como siempre) el canal que ver. Jajaja, aunque no faltaron mis amenazas de <<¡Si no le ponéis en ese canal me vuelvo a dormir!>>, y así fue como ella en algunos momentos cedió.

Duré no más de una hora y fui a mi aposento de nuevo sobre la cama. Desperté hasta las once de la mañana y mis ganas de cumplir asuntos pendientes con ciertas personas me provocaron ganas de salir hacia el exterior, sin importar las condiciones del clima ni las carreteras.

La señora Laurdes Maar me lo prohibió y yo permanecía en mi idea de salir fuera. Me convenció, pero mis atrevimientos permanecían en mi interior. Tuve que guardarlos.

Me quedé en mi casa y seguí mi tan encerrada vida. Más tarde usé la maravillosa herramienta de comunicación electrónica por computadoras y programas: el Mensajero Instantáneo. Me comuniqué con unos cuantos compañeros, entre ellos Dägamos, quien sí había asistido a la institución.

Mi mayor pregunta fue saber si él había visto a aquella estrella brillante de la mañana que me había hecho la idea de viajar sin importar las condiciones del clima. Me comentó haberla visto, pero luego ellos tomaron sus caminos distintos.


Entonces, hé allí donde nuestra conversación fluye acerca del temas de dos chicas que nos traen como maremotos y torbellinos: Ella y su "A".

¡Guau! Amo hablar de mis pasiones, pero más cuando se trata de una chica; me siento sumamente emocionado al hacerlo. Duramos unos largos minutos en estos temas tan especiales y profundos. Nos despedimos y luego me retiré de estas herramientas ya mencionadas.

Salí al parque y mis pensamientos la perseguían. Dribles, ella. Tiros, ellla. Rebotes, ella. Ganchos, ella. Coladas, ella. Y al finalizar mis proezas atléticas, anduve por una de las dos calles adyacentes al gran parque de Les Tourelles.

De hecho, fueron tan profundos mis pensamientos, ¡que ni cuenta me dí que me encontraba caminando!

¡Imagínense!



Bueno, pobre de mi mente.
¡¿Qué puedo hacer?!