Mittwoch, Oktober 12, 2005

DIARIO DE KLAIREBEAUX: Wednesday's Miracle

Saben, hoy al despertar pensé que éste sería todavía un día demasiado aburrido, deprimido y malo. No pude olvidar a esta chica que me atrapaba en mis propios pensamientos y mis ganas de verla eran enormes.

Saben, hoy al llegar a la preparatoria, no podía aguantar más. Durante la clase de Computación, me la pasé aburrido, pero luego ya en la hora de English Reading recordé que debía de imprimir las hojas que conformarían las hojas del legajo de la clase de English Writing.


Me dirigí hacia la maestra Dávila y le pedí licencia para salir e ir a la biblioteca, a lo cual, gracias a toda su magnífica benevolencia, asintió de gratísima manera y salí alegre y bajé por las tan famosas escaleras tan cuadradas de esta institución.

Fui a Dirección primeramente para pagar las impresiones que debía pagar. Después del acto ya me dirigí finalmente a la biblioteca. Saludé a Eleurdes, la encargada de la biblioteca. Me anoté seguidamente sobre el libro donde se guardan las memorias con los nombres de los visitantes de esta tan asediada instalación llena de libros, información y consultas.

Tomé una computadora, y comencé a ver mis archivos. No pasaron más de cinco minutos y repentinamente, arriba Ella a la escena. Su fulgor estelar único me hizo felíz, y las suaves sílabas se unían con cada movimiento de sus dulces labios para pronunciar sus palabras. Nos saludó a Eleurdes y a mí, lo cual me hizo sentir fabuloso.

Le pregunté que si su equipo ya había terminado de grabar su trabajo de computación, y me respodió que sí. Le pregunté de qué trataba entonces su video, y me dijo que era sobre la materia de Psicopedagogía. Luego tomó una computadora, y fue para mi gusto la computadora que estaba a lado de la mía.

Platicamos un poco sentados, y ya se acercaba la hora de imprimir. Eran demasiadas las hojas que se tenían que imprimir. Me paré y le indiqué a la señorita encargada del área qué archivos eran los que se tenían que abrir para imprimir. Había olvidado mi papelito comprobante de haber pagado las impresiones y me dirigí hacia la mesa donde se encontraba la computadora.

Al querer agarrar el pequeño papel cercano al ratón de la computadora de a lado, ¡casi tocaba la mano de esta chica! ¡Oh, fue un momento tierno el haber tocado aunque fuese un poco la mano de este linda niña!

Le procuré una humilde disculpa que por dentro me hallaba profundamente con regocijo. Luego ya mandé a imprimir las hojas faltantes y las comparé con las que ya tenía. Me volví a sentar en la silla frente a mi computadora, y quise hacer tiempo para poder apreciar a esta chica un tiempo más.


El timbre de cambio de hora ya había sonado, y me sentía algo apurado, pero más apurado por ser lento y convivir con esta muchachita. Empezaron a llegar algunos compañeros a la sala de la biblioteca y me lamentaba el haber dejado a mis compañeros sin el poder tener una licencia oficial para poder salir al baño o a cualquier lado, y más me preocupaba el haberme tardado toda un clase y minutos más en la biblioteca, pero el trabajo me pedía permancer más tiempo.

Ya era hora de partir, y me despedí de ambas la chica y la administradora de la biblioteca. Ya al arribar al salón, se encontraba la maestra Claudia Esparza. Entré y le comenté a la maestra que qué podía hacer yo con la licencia de la anterior maestra, a lo cual me respondió que tratara de buscarla o sino, que se la entregase al prefecto.

Me dí a buscarla, pero ya había marchado y le pedí al señor de prefectura que si me hacía el favor de entregársela a la señora Dávila cuando llegase. Ya al llegar al salón, me puse al corriente del trabajo de la clase.

Al tocar el timbre de salida al descanso, busqué a mis fieles amigos para conversar en esos momentos breves. ¿Sabéis? Pudimos divisar a la jovencita de la mañana la cual me había realmente subido los ánimos del día, que pudo sonreírme de nuevo en esos momentos.

La vimos que iba de compañero en compañero pidiéndoles el potencial de hidrógeno de su boca para, me imagino yo, un trabajo. Le pregunté acerca de ello, y sí, era para un trabajo como pensaba. Sonrío y siguió su rutina.

Era tiempo de entrar a los salones, y mis amigos querían irse. Asentí, ya que me era suficiente con el haberla visto.


A veces hay personas que realmente nos hacen cambiar y sentir de cierta manera. Ella, con sus sonrisa, con su espíritu y su persona, me hacen sentir de manera diferente y bonita.