Dienstag, Oktober 04, 2005

DIARIO DE KLAIREBEAUX: Un Martes sin Estrellas

Hoy martes sentía que algo no podía ser contenido más en mi alma. Necesitaba sacarlo al viento y hacerlo saber.

Busqué durante la entrada a uno de mis tres grandiosos amigos. Encontré a Dägamos y le dije que tenía que confesarles algo que estaba pasando conmigo. Se rió un poco y dijo que estaba bien, que en el descanso el iría a buscar a Ibisse y Javer.

Llegué a mi salón y las clases comenzaron. Siguió el descanso y Hènny y yo tuvimos que dirigirnos hacia la junta del periódico. ¡Vaya sorpresa! No hubo junta, ya que por lo que alcancé a indagar, no habían asistido a clases los de quinto semestre, quienes son una mayoría en el diario de Zièdew. Por lo menos las tareas ya estaban publicadas en la página de internet del periódico, y por lo tanto no había nada más que hablar.

Pero en lugar de ir con mis amigos, fui al salón, ya que debía de terminar un trabajo de español. ¿Pero saben?, tuve la suerte de que ellos me fueran a buscar con buen interés de amigos.

Les comenté lo más rápido posible mis situaciones internas ya que el tiempo del descanso se estaba agotando. No lograron entender todo el entorno de lo que les platiqué ya que mi boca no paraba de pronunciar con bastante ánimo estos acontecimientos.

Después de esto todos tuvieron que irse a sus salones.

Pasaron las clases y hoy tenía que hablar con mis compañeros del baloncesto para ver cómo nos iríamos al gimnasio. Acordamos que Pako nos llevaría en su carro. Y así fue. Solamente que teníamos que dejar nuestras mochilas en Zièdew.

Al pasar la puerte de vidrio alcancé a ver a aquella persona que había descubierto uno de mis más grandes secretos. Le llamé y le comenté que no se lo dijese a nadie. Él dijo que estaría bien. Le pregunté que qué hacían, y me dijo que se habían quedado él y unos compañeros a grabar algo para un proyecto.

Toda este pequeña conversación logró entretenerme lo suficiente para casi no alcanzar a Pako y a los demás en su auto.

¿Se imaginan esto? ¡Iban siete personas en un carrito (en un Tsuru)!
¡Siete! Y faltaba el Octavo Pasajero: Yo, no Alien.
¡Jajaja!

¿Saben cómo le hicimos para que cupiese su servidor?
¡Por supuesto!
Con Magia.

Me tuve que colocar horizontalmente sobre las piernes de dos de mis compañeros. ¡Qué flexible de mi parte! Jajajaja.

Finalmente llegamos todos aplastados al tan esperado gimnasio, y entrenamos arduamente este día.