Montag, Oktober 03, 2005

A CONTRALUZ: El Descubrimiento

Salí de clases, algo desesperado y débil. Necesitaba una buena dosis de compañiía y amistad. Me encontré con mi buenísimo amigo Java von Valko, con quien me sentí gratamente. Pero luego se fue, y como varias veces, solamente solo quedé.

Supuestamente hoy iba a haber entrenamiento de básquetbol, pero nuestro entrenador nos había comentado previamente a mí y a Nathan que se iba a cancelar por el día de hoy, debido a que casi nadie traía ropa y no todos han pagado allá en el gimnasio.

Tras mi interna depresión y mis dolores de cabeza, al sentirme realmente solo sin nadie con quien platicar, sin nadie con quien intercambiar sonrisas ni miradas, me alejé mentalmente de todo mundo sin hacerlo físicamente.

Sólo podía ver el horizonte pero mi mente veía otras cosas. Pensamientos como ¡Kardinard, sois un estúpido!, ¡Maldita sea!, y entre otras, invadían mi cabeza y no salían de ahí.

Volví a sentir ese temblor en mi cuerpo: sentía como se movían frágilmente mis brazos, cómo se erizaban algunos de mis vellos de éstos, y cómo mi estómago se revolvía y me daba una total inseguridad en mi persona. Cualquier cosa me haría perder el temple y convertirme más voluble.

Fue en ese momento, en que dos personas sobresalieron de un pequeño grupito. Eran ni más ni menos que aquella chica, y un gran amigo con el cual he fomentado una buena amistad rápidamente. De repente esta muchacha se acercó al joven para escuchar algo.

¡Este amigo descubrió mi secreto! Este Oráculo del Alba.

¿Acaso fueron en vano mis intentos de guardar este hermoso lugar en silencio, a contraluz?

Ahora ella puede saber quien es esa persona que escribe.


¿Qué hago?

Los nervios me atacaron de nuevo. La jovencita ahora sabe un poco de mí. Por un lado me da gusto; pero por otro, como ya lo he mencionado, me da timidez.

No paré de temblar y la comida no me entraba como antes. Quiero decir, no tenía tanta hambre.

¿Acaso es esto...?