A CONTRALUZ: El Secreto de una Mujer
Hoy a la salida de las clases, salí como todos los demás alumnos de la Institución por la puerta principal, ¡claro!, tras haber bajado como siempre las tan cuadradas y perfectas escaleras de Il Zièdew.
Me detuve a unos pasos de aquella entrada, y me encontraba simplemente esperándola pasar. En eso veo a la pequeña hermana de la chica que me ha dejado tan estupefacto y alusinado con su sencilla personalidad. La niña buscaba a su hermana mayor, ya que su padre ya había arribado para recogerla.
Entonces me imaginé que no tardarían en pasar ambas hermanas por aquella puerta de cristal.
En un momento y otro yo voltiaba para asegurarme de en qué momento exacto se acercaba ella, y más tarde pude divisar las figuras de estas dos muchachas. Vi entonces que Bethellez me señaló, mas no con algun dedo, sino con las palabras que le comentaba a su pequeña hermana, la cual me vió fijamente y al pasar por la puerta de cristal, me volvió a ver y pude observar una expresión de cuando uno se da cuenta de algo.
Una expresión como la de “¡Aahh, ya entendí!”, o mejor escrito “¡Conque ese es el chico que te llamó el fín de semana!”
Bien, esta vez no fue mi secreto, sino que esta chica le comentó a su hermana muy tímidamente que yo era el muchacho con quien estuvo Bethellez platicando por teléfono.
Después de esto le comenté a mi amiga Ibis lo acontecido y nos reimos del asunto. Luego nos despedimos, y yo seguí con una sonrisa interna y una alegría que no podía ser sustituída.

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