NOTAS DE GNAMÜNGE: Los Primeros Pasos para el Cambio
Tras haber dormido una agradable siesta después de la comida y una telenovela entretenida en la televisión, desperté y me decidí por irme de una buena vez hacia la estética a que me hicieran un corte de cabello.
Tomé el dinero, y le avisé a la niña de Adgrielle que saldría. Eran alrededor de las siete de la noche. Salí de la calle de mi casa hasta entrar por la calle del salón de estética. Nos recibió a mí a y otro cliente, quien también acababa de llegar en el mismo momento que yo, la mujer del negocio.
Atendió primeramente al hombre ya que él había llegado segundo antes que yo. Fue breve su corte. Mientras trabajaba con las tijeras y las máquinas del oficio, la hijita de la señora merodeaba en la sala con unas galletitas. Iba tan curiosa y tranquila la pequeña, y repentinamente, cayó dormida sobre un par de sillas localizadas cerca de donde yo me encontraba sentado leyendo una revista del cine ya pasada.
Se me hizo graciosa esta escena, ver cómo una niña se deja caer por sus pocas energías y duerme tan tranquila sin preocupaciones ni demoras.
Pocos minutos después la mujer terminó su trabajo con el gentilhombre y seguía mi turno. Me alisté y me coloqué en la silla donde la señorita me pediría que me colocara para que ella trabajase. Le pedí que solamente me rebajara el volumen de mi cabello y que me recortara un poco la parte de atrás. Casi lo de siempre. Algo que me haga sentir a gusto.
No tardó más de un cuarto de hora cuando ya había finalizado la sesión. Le pagué lo estipulado, y le agradecí, y ella me respondió con un "Gracias a tí, hijo" sonriendo, y partí por la puerta.
Ahora tenía que cumplir una promesa de dos semanas: comprarle un chocolate a mi amiga Vicky. ¡Vaya muchacha que me insistía y me insistía en que le comprara su chocolate de la Vía Láctea!
Por fín me decidí a encaminarme a aquella tienda de conveniencia con un siete y un once y fué ahí donde compré una cajita de chicles de menta para no dormirme en las clases de Physik y Englisch, y dos barras de chocholates de la marca ya antes mencionada.
Salí ahora hacia mi pequeña casa, y la señora Laurdes Maar ya había arribado al lugar. La saludé y me acerqué al refrigerador, y le pedí que no le comentase a la niña de Adgrielle sobre los chocolates, ya que no iban a ser ni para ella, ni para ella la señora.
Luego de esto y aquello, pasaron los minutos o tal vez las horas y me puse a repasar para mi examen de mañana de Englisch.
Esperemos que estos hayan sido los correctos primeros pasos para mi etapa de cambios.













